UN DIA COMO HOY 19 DE ENERO

Un 19 de enero de 1927, falleció la última emperatriz de México, Carlota Amalia de Bélgica, tras permanecer más o menos 60 años en estado de locura recluida en un castillo de Belgica

. Su historia fue normal para la hija de un monarca europeo (Leopoldo I) y su educación fue esmerada, siendo unida en matrimonio con el hermano menor, por dos años, del emperador de Austria Francisco José. La vida de Maximiliano y Carlota fue de alta sociedad desde un principio, siendo objeto de mucha publicidad en su época por la elegancia de sus maneras y la conducta fuera de serie de un miembro de la realeza de los Habsburgo, ya que a Maximiliano le gustaba mucho hacer viajes científicos más que de involucrarse en cuestiones militares o de estado, siendo eventualmente puesto a gobernar una pequeña provincia italiana en dominio austriaco, Trieste. Maximiliano finalmente cayó en cuentas de su talento para la administración pública y aún ahora se le recuerda allá a ambos como buenos gobernantes, sin embargo Carlota se aburría de la falta de acción social. Al llegarse la oportunidad de convertirse en emperatriz ella alentó intensamente a Maximiliano a hacerse del trono imperial de México, ofrecido por un reducido grupo de ciudadanos de ese país, aún en contra de las severas consecuencias que Francisco José le impondría a Maximiliano en caso de aceptar convertirse voluntariamente en títere de Napoleón III y de Francia, retirándole hasta la ciudadanía austriaca en caso de aceptar semejante propuesta, pero ni eso les detuvo.


Carlota contaba con 24 años de edad y su esposo con 32 cuando se convirtieron en emperadores de parte de México en 1864, monarcas de los límites que los soldados franceses dominaban, siendo su posición desde antes de su llegada enteramente dependiente de estos ejércitos para sobrevivir. La vida de Carlota en México no fue fácil, pero se convirtió brevemente en Regente del Imperio mientras Maximiliano estaba fuera de la Ciudad de México, siendo hasta ahora la única mujer encargada de un gobierno en México de esa altura jerárquica, desempeñándose con dignidad en ese cargo.

Desafortunadamente para Carlota, la aventura mexicana de los franceses acabó drásticamente en una llamada general de tropas a Francia porque se preveía una guerra con Prusia (hoy Alemania), y no podía darse el lujo de tener soldados en otras partes. Carlota fue a entrevistarse con los emperadores franceses, Eugenia de Montijo y Napoleón III, en un viaje bastante humillante para ella por la falta de pompa y recibimientos al llegar como emperatriz de México, y ellos le dieron muchas largas hasta que finalmente le dijeron que simplemente iban a romper el contrato del Tratado de Miramar y que no se quedarían sus fuerzas hasta 1874 como se había prometido. Carlota desesperada llegó al Vaticano a ver al Papa Pío IX para rogarle su intervención, pero Pío le dijo que Maximiliano había respaldado la tolerancia de cultos fuera del catolicismo en México, por lo que poco podía hacer.


Carlota perdió la razón visiblemente en esa entrevista, al grado de llamarse al embajador belga en Roma para que se hiciera cargo de ella, quedándose temporalmente en el hotel donde se hospedaba (una humillación más a lo que ella estaba acostumbrada en quedarse con miembros de la nobleza), y de ahí partió a Bruselas, donde su hermano, Leopoldo II, la confinó al castillo de Buchot, quedándose reducida a ser una paciente sin razón por el resto de su vida. Así dejó el campo libre a Leopoldo II para incautarle su fortuna a Carlota y quedársela él. Todas estas vicisitudes en su vida se hubieran evitado, tanto el fusilamiento de Maximiliano como la locura de su esposa Carlota, si ambos hubieran seguido el consejo de quedarse en Europa que les dio el hermano de Maximiliano, el emperador Francisco José y no haber seguido el camino azaroso de la ambición de ostentar coronas imperiales en un sitio donde no se les quería de manera mayoritaria. ¿Conocías la historia?

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